Son muchas las cosas que podemos decir de J. R. R. Tolkien en el aniversario 126 de su nacimiento. Conocemos su obra y reconocemos su influencia a la cultura en general; su amor por las lenguas y que es autor de varias lenguas construidas. También lo ingenioso y dedicado que fue con sus hijos como cuando escribió durante 23 años cartas a nombre de Papá Noel.

Lo que hoy queremos recordar, además de celebrar su nacimiento (ocurrido en Sudáfrica el 3 de enero de 1892) son las cartas en donde se declara en oposición al nazismo. Claro que, Tolkien lo hizo de un modo sutil y certero, conozcamos antes el contexto de esta carta.

 En 1938 J. R. R. Tolkien estaba por publicar ‘El Hobbit’ al alemán por la editorial Rütten & Loening, con base en Berlín. Entre algunos de los papeleos previos para cerrar el trato de la publicación le pidieron al autor documentación que lo avalara como “ario”. Ante esto, Tolkien escribió a su editor y amigo Stanley Unwin su sentir, además envió dos cartas distintas como respuesta a la editorial.

Se desconoce cuál envió el editor; en la primera de ellas pasaba de largo y de forma elegante sobre el peculiar requisito, en la segunda Tolkien dejaba en claro su postura.

La nota que envió a su editor decía:

Debo decir que la carta adjunta de Rütten & Loening es un poco dura. ¿Sufro esta impertinencia por la posesión de un nombre alemán, o sus leyes lunáticas requieren un certificado de origen ario de todas las personas de todos los países?

Personalmente, me inclinaría a negarme a dar cualquier declaración -aunque resulta que puedo hacerlo- y dejar que una traducción al alemán espere. En cualquier caso, me opongo firmemente a que cualquier declaración de ese tipo aparezca impresa. No considero que la (probable) ausencia de toda la sangre judía sea necesariamente honorable; tengo muchos amigos judíos, y sentiría insinuar de cualquier modo que he suscrito esa doctrina racista racista totalmente perniciosa y no científica.

Ante tu preocupación yo no puedo poner en peligro la posibilidad de una publicación en alemán sin tu aprobación. Entonces presento dos borradores de posibles respuestas.

Con esta postura podemos entender mucho más ampliamente lo que el autor de “El Hobbit” quiso decir en la carta en la que no sólo se niega a certificarse como ario sino que declara que es algo innecesario y lamenta no tener ascendencia judía:

Lo siento, pero no me queda claro lo que ustedes quieren decir con ario. No soy de ascendencia aria: significa indo-iraní; y hasta lo que yo sé, ninguno de mis antepasados habló hindustani, persa, cíngaro ni ningún dialecto relacionado. Pero si debo entender que lo que ustedes quieren saber es si soy de origen judío, sólo puedo responder que desgraciadamente no parece que tenga antepasados de ese talentoso pueblo».

«Mi tatarabuelo vino de Alemania a Inglaterra en el siglo XVIII. Por lo tanto, la mayor parte de mi ascendencia es puramente inglesa, y soy un súbdito inglés, lo cual debería bastar. Me he acostumbrado, sin embargo, a considerar mi apellido alemán con orgullo, y lo continué haciendo durante el período de esa guerra lamentable, en la que serví en el Ejército inglés».

«Sin embargo, no puedo abstenerme de comentar que si solicitudes irrelevantes e impertinentes de este tipo van a convertirse en la norma en cuestiones de literatura, entonces no está lejos el tiempo en el que un apellido alemán ya no sea fuente de orgullo.

La “guerra lamentable” a la que se refiere Tolkien es, por supuesto, a la Primera Guerra Mundial en donde sirvió el autor. Aunque se desconoce la carta que envió el editor la publicación en cuestión sí se llevó a cabo.

Aunque J. R. R. Tolkien sentía una gran aversión por el nazismo, el movimiento sentía un gran aprecio por la obra del autor, sobre todo por sus estudios lingüisticos que fueron utilizados, sin dilación, como propaganda durante el III Reich, cosa que por supuesto el autor lamentaba.

En otra ocasión el autor de “El Señor de los Anillos” también declaró su aversión por el propio Adolf Hitler. Esto en una carta a su hijo Michael escrita en 1941, en donde hablaba de su resentimiento contra Hitler por: «arruinar, pervertir, hacer mal uso y convertir en maldito para siempre ese noble espíritu nórdico, una contribución suprema a Europa que siempre he amado y he intentado presentar bajo su verdadera luz».

Así pues, nos queda claro Tolkien no comulgaba en muchos sentidos con el nazi que poco a poco se gestó para convertirse en todo un aparato peligroso y de exterminio. Hoy recordamos las palabras de Tolkien y su posición, una de las muchas razones para admirar a este autor que con su universo y genialidad sigue sorprendiendo a generaciones completas luego de más de un siglo de su nacimiento.